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Shisa, Los Perros-León de Japón

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Shisa son seres mitológicos de la cultura japonesa, son una especie de perro-león que habitualmente se encuentran representados sentados o agazapados, y forman pareja. Uno de ellos representa el lado masculino y el otro femenino, uno tiene la boca abierta y el otro la boca cerrada.

La boca abierta aleja a los espíritus malignos y la boca cerrada mantiene a los buenos; el ejemplar izquierdo era llamado perro de guarda y representa el lado masculino, y el ejemplar derecho era llamado Shisa, y representa el lado femenino.

Originalmente los Shisa se colocaban en los tejados de los templos y edificios donde se encontraban establecidos los poderes imperiales o locales. Su uso como talismán se divulgó en la población de Okinawa a finales del siglo XIX, momento en el que fue derogada la prohibición del uso de tejas rojas a los plebeyos.

Es costumbre en las islas Ryukyu colocarlo a los lados de las puertas de entrada o tejado frontal de las casas, como protectores contra los malos espíritus; sus figuras suelen fabricarse en materiales como la cerámica o el yeso, algunos de ellos suelen contar con detalles o motivos humorísticos.

Desde el periodo Edo, comenzaron a llamarlos “perros guardianes” en Japón; el Shisa es una variación de los leones guardianes de China, y es un artefacto de la cultura okinawense.

Leyenda de Shisa

Cuando cierto emisario chino, regresó de su viaje al castillo Shuri, trajo consigo un collar decorado con la figura de un Shisa como regalo para el rey; al rey le pareció adorable y se colocó el collar debajo de sus ropas.

En la bahía de del puerto Naha; existía un dragón marino que aterrorizaba y se comía a los aldeanos del pueblo de Madanbashi, incluso destrozaba sus propiedades. En una de las visitas del rey al pueblo, se produjo uno de los ataques del dragón marino, todos los aldeanos corrieron a refugiarse.

A la sacerdotisa local, se la había revelado por medio de un sueño, que debía disuadir al rey de permanecer de pie en la playa, manteniendo en alto la figura del Shisa hacia el dragón; envió entonces a un muchacho para que advirtiese al rey de lo que debía hacer.

El rey hiso frente al monstruo con la figura del Shisa en alto e inmediatamente se escuchó por todo el pueblo un fuerte rugido, tan intenso y profundo que el mismo dragón se asustó. Entonces una gran roca cayó del cielo aplastando la cola del dragón, que al no poder moverse, terminó muriéndose.

Con el tiempo, tanto la roca como los restos del dragón se cubrieron de vegetación, y pueden verse hoy en día en los bosques de Gana-Mui, cerca del puente Ohashi de Naha. La gente del pueblo construyó un gran Shisa de piedra para protegerlos del espíritu del dragón y otras amenazas.

Desde entonces el uso de los Shisa ha sido toda una tradición, basada en la creencia de que estos “perros guardianes” los protegerán de los males que puedan acecharlos.