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Mitología Sumeria

Los orígenes de la mitología sumeria se remontan al tercer milenio antes de nuestra era. Los especialistas afirman que este conjunto de creencias influenció en gran medida a la mitología egipcia, que a su vez sentó las bases de la religión cristiana. No en vano, Sumer es la primera civilización de la humanidad. Y por ello, en sus relatos vamos a encontrar conceptos que son muy familiares en la cultura occidental.

La creación del mundo

La génesis sumeria nos habla de Nammu, primera diosa y origen de todas las cosas. Fue la encargada de crear la tierra (Ki) y el cielo (An), mientras que su hijo Enlil produjo las tormentas, los vientos y el ciclo día y noche. Con ayuda de Ki dio vida a los seres vivos, que tenían como misión complacer a los dioses.

La primera diosa nació de una costilla de Enki y fue llamada Nin-ti. Este dios también creó el paraíso, donde todos los hombres podían vivir en paz con la naturaleza. Sin embargo, desobedecieron las leyes y fueron expulsados. Estamos posiblemente ante los precedentes del mito de la Eva surgiendo de la costilla de Adán y la expulsión de ambos del jardín del Edén.

Otro mito que nos resulta muy familiar es el del diluvio universal, que encontramos hasta en las religiones mesoamericanas. Según nos cuenta el poema épico de Gilgamesh, los dioses enviaron terribles lluvias que inundaron la tierra durante 7 días con sus respectivas noches. No obstante, el dios Utu avisó a Ziusudra y le pidió que construyera un barco gigantesco, donde acumularía semillas de todas las especies y animales distintos.

La epopeya de Gilgamesh

Y ya que lo hemos mencionado, el Poema de Gilgamesh es la obra cumbre de la mitología sumeria. Se basa en cinco historias distintas que conforman la primera obra épica conocida, precedente de los relatos de héroes griegos. Los dioses, envidiosos de Gilgamesh, mandan a un hombre salvaje llamado Enkidu para matarlo. Pero tras luchar sin aliento, ambos se hacen amigos y viven increíbles aventuras.

Los dioses matan a Enkidu como castigo, motivo por el cual Gilgamesh se embarca en una aventura para lograr una inmortalidad que nunca conseguirá. Es la primera vez que un relato pone de manifiesto la mortalidad del hombre y su anhelo por obtener algo que está reservado a los dioses.

Los dioses sumerios

El panteón sumerio es confuso y extenso, aunque podemos destacar tres dioses principales: Enlil, Enki y Anu, que estaban acompañados por una serie de divinidades menores de carácter protector. Cuando Sumer pasó a manos de los Acadios se produjo una serie de cambios en los nombres de estas entidades, aunque su significado y simbolismo apenas varió.

Los dioses del cielo

Esta asamblea está compuesta por los dioses que vivían en los cielos antes de que las cosas fueran creadas. Es el caso de Apsu, Tiamat, Anshar o Kishar, entidades sobrenaturales muy poderosas de las que no hay constancia que alguna vez pisaran la tierra. De hecho, algunos investigadores establecen una analogía entre estos dioses y los cuerpos celestes del sistema solar.

Entre estos dioses de los cielos podemos destacar a Inanna (la Ishtar asiria), diosa de la fertilidad, el amor y la guerra. O a Enlil, señor de las tormentas y el viento que participó en la creación. Utu es el gemelo de Innana, dios del Sol y la justicia, que inspiró a los hombres y los ayudó a legislar y administrar sus bienes.

Ninhursag es la madre de las diosas, defensora de mujeres y niños y señora de la vida, que ayudó a Utu en la creación del universo. Y finalmente mencionaremos a Nanna, hijo de Enlil y dios de la Luna. Simboliza la sabiduría y el conocimiento de los cuerpos astrales, además de proteger los rebaños y a los pastores.

Los dioses de la tierra

Por su parte, los dioses menores residían en la tierra. A menudo eran santos patronos de las ciudades y se les rendía culto en templos locales. Otras veces se encargaban de administrar profesiones o artes muy concretas, como es el caso de la diosa NinKashi, que literalmente significa la dama de la cerveza. No hay relatos épicos de estos dioses menores, no portaban armas o armaduras mágicas y el alcance de su influencia era bastante limitado.

Los dioses antiguos

Y finalmente, tenemos a los dioses antiguos, que viven entre el cielo y la tierra. Se trata de los dioses de antaño a los que tantas veces se hace referencia en las leyendas sumerias. No son de ámbito local como los anteriores, sino que tienen un alcance nacional y ya existían en nuestro mundo antes de la llegada de los primeros hombres. Aunque poderosos, tenían aspecto humano y exhibían todo tipo de emociones, desde el amor y la lealtad hasta el odio y la infidelidad. Un buen ejemplo es Anu, el Rey de los Dioses representado por una estrella.

Criaturas de la mitología sumeria

Los seres que aparecen en los relatos míticos de Sumer y Acad poseen habilidades sobrenaturales y una naturaleza tanto benigna como maligna. Huwawa es una bestia gigante con cabeza de león y largos dientes de dragón, cuyo rugido era capaz de helar el corazón del hombre más valiente.

Los Edimmu eran una especie de Utukku, espíritus de los muertos que no habían sido enterrados de forma adecuada o habían sido olvidados por sus parientes vivos. Transmitían enfermedades y podían poseer a los humanos que no respetaban a los dioses. El Kur era una mezcla de serpiente y dragón que tenía como tarea proteger el inframundo.

Asag es un demonio que causa la peste y tiene un aspecto terrible con tres brazos y piernas. En los relatos míticos aparece enfrentándose con Ninurta, el dios de la guerra, quien al final acabó venciéndolo. Alú es otra entidad infernal que acecha en la oscuridad para poseer sexualmente a sus víctimas. Su cara era espantosa ya que carecían de boca, ojos u oídos.

Dimme es una criatura femenina con cabeza de león, dientes de burro y el cuerpo lleno de pelos. Su presa favorita eran los recién nacidos y también causaban problemas en las mujeres embarazadas, obligándolas a abortar. Y finalmente mencionaremos a Pazuzu, con cabeza de león, cola de escorpión, garras y alas. Su comportamiento dependía de cómo fuera tratado previamente y era capaz de eliminar cualquier enfermedad.

Lilith es un ser mítico de la cultura judía que tiene su origen en los relatos de Sumeria. Según algunos textos apócrifos (y que por tanto no aparecen en la Biblia), se trata de la primera esposa de Adán, que abandonó el paraíso por voluntad propia y se instaló en el mar rojo. Allí copuló con Samael y otros demonios, dando lugar a un linaje maldito que algunos especialistas lo han relacionado con el origen del mito vampírico.

Mitología sumeria y Annunakis

La palabra Anunnaki significa “sangre real” o “descendencia”, aunque también ha sido interpretada como “los que vinieron a la tierra desde el cielo”. Reciben su nombre del dios Anu y su relación con el resto de entidades del panteón mesopotámico no está nada clara.

En el Atrahasis, un manuscrito que data del 1.600 antes de nuestra era, se habla de una raza llamada Igigi que eran los sirvientes de los Anunnkai y estaban obligados a trabajar para ellos. Hartos de su situación, se revelaron y fueron sustituidos 40 días después por los primeros hombres.

Algunos investigadores han encontrado en el Atrahasis una fuente para legitimar la teoría de los alienígenas ancestrales. En este sentido, los Anunnkai serían en realidad una raza de seres reptilianos que mediante ingeniería genética crearon a los seres humanos.

Otro texto muy revelador es el Enuma Elish (Las Siete Tablillas de la Creación), donde el dios Marduk divide a los Anunnaki entre el cielo y la tierra tras haber creado a la humanidad. Y también aparecen en la Epopeya de Gilgamesh, representando el papel de los 7 jueces del inframundo.