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Mitología Romana

Hasta la adopción de la mitología griega a finales de época republicana, los romanos carecían de un sistema de mitos y dioses de gran envergadura. No obstante, sí que contaban con un sistema complejo de rituales, sacerdocio, deidades asociadas al mismo y un amplio conjunto de leyendas sobre la fundación de su ciudad.

Esta religión original sufrió modificaciones a lo largo del tiempo, a medida que nuevos territorios eran conquistados e incorporados al imperio. Algunas creencias, como las provenientes de Egipto, fueron muy complicadas de asimilar, pero las del mundo griego calaron profundamente en la mentalidad romana.

Curiosamente, los datos conservados de los mitos originales no provienen de esta época, sino de siglos posteriores, de nobles que intentaban evitar que las viejas tradiciones cayeran en el olvido con la irrupción del cristianismo.

La fundación de Roma

Uno de los pilares básicos de la mitología romana es la fundación y primera expansión de la ciudad, mito que pronto se vio envuelto del carácter heroico de las leyendas helénicas, convirtiendo por ejemplo a Rómulo y Remo en descendientes del héroe y semidiós Eneas.

El desembarco de Eneas

Los sobrevivientes de la guerra de Troya cruzaron el Mediterráneo al mando de Eneas, desembarcando en las costas de Italia, al sur de Roma, en una zona conocida como Laurentum. Allí fueron recibidos por el rey Latino, que ofreció a su hija Lavinia para que se casara con Eneas.

El problema es que Lavinia ya tenía acordado un matrimonio con Turno, rey de los Rutuli, lo que dio origen a una guerra entre ambos pueblos. Finalmente, Turno fue derrotado y el hijo de Eneas, Ascanio, fundó Alba Longa y se convirtió en el primero de una larga estirpe de reyes.

La descendencia de Marte

Siglos después, el dios de la guerra Marte se enamoró perdidamente de Rea Silvia, una joven que conoció en la ciudad de Alba Longa. Tuvieron dos hijos, a los que llamaron Rómulo y Remo. Para salvarles la vida, no tuvieron más remedio que introducirlos en una canasta y dejar que la corriente se los llevara rio arriba.

Los pequeños fueron salvados por la loba Luperca, quien los amamantó como uno más de su manada. Al poco, un pastor llamado Fáustulo los encontró y se los llevó a su casa, criando a los gemelos junto a su esposa Aca Larentia. Cuando Rómulo y Remo alcanzaron la mayoría de edad, sus padres adoptivos les revelaron su auténtica historia.

La muerte de Remo

Regresaron a Alba Longa, mataron al rey Amulio, causante de todos sus males, y devolvieron el trono a Numitor, su abuelo y auténtico heredero. A continuación, levantaron una nueva ciudad en el mismo lugar donde fueron encontrados por Luperca, siguiendo para ello los ritos tradicionales. El trazado de la muralla se hizo con una vaca y un toro blanco, pero Remo cometió el sacrilegio de saltar sobre el surco.

Desde su simple trazado, una muralla se considera inviolable. Así que, para ganarse la bendición de los dioses e impedir que cualquier otro la traspasara en el futuro, Rómulo no tuvo más remedio que matar a su hermano. Se convirtió así en el primer rey de Roma, hasta su desaparición en medio de una tormenta.

Dioses de la mitología romana

Por la popularidad de ciertas fiestas y rituales, podemos observar que los romanos eran una comunidad básicamente agrícola y guerrera. El panteón original estaba encabezado por Júpiter, Marte y Quirino, cuyos sacerdotes eran conocidos como flamines y gozaban de un gran poder. A diferencia del panteón griego, aquí no encontramos genealogías ni matrimonios entre dioses, que por norma general apenas presentan rasgos individuales.

Muy pronto, este culto primitivo fue ampliado con otras divinidades y surgió una nueva triada formada por Júpiter, Juno y Minerva (los Zeus, Hera y Atenea griegos), que se convertirían en los máximos exponentes de la religión romana. También se introdujo el culto a Diana (Artemisa) y los Libros Sibilinos, que contenían una colección de relatos proféticos.

Los dioses auxiliares

Además de estos dioses principales, los romanos rendían culto a un gran número de entidades o semidioses especializados en distintas tareas, todos ellos plenamente integrados en los rituales. Se les conoce como dioses auxiliares o asistentes, que siempre eran invocados junto a otras divinidades mayores. Aparte de su nombre y su función, poco más se sabe de ellos: Lares protegía las casas, Saturno la siembra, Ceres se encargaba del grano y Pomona de la fruta.

Criaturas de la mitología romana

La mayoría de las criaturas que aparecen en la mitología romana son las mismas que la de los relatos griegos. Sin embargo, encontramos algunos seres exclusivos de esta cultura como la Estirge, monstruo volador con alas de murciélagos, cuatro patas y un largo pico que usaba para chupar la sangre a los hombres.

O las Gárgolas, criaturas mágicas aladas de piel casi impenetrable. Según la leyenda, un mago dio vida a esta raza a partir de unas estatuas de piedra. Los unicornios son representados como caballos blancos con un cuerno en la frente y simbolizan la pureza, por lo que solo deja que las doncellas le toquen.

El mundo de los muertos

La relación de los romanos con el mundo de ultratumba es bastante compleja. Por un lado, se rinde culto a los difuntos y se honra su memoria. Pero por otro, se les teme y se intenta evitar cualquier contacto directo con ellos. Las pompas fúnebres eran la ceremonia principal, donde los féretros de los muertos recorrían las calles acompañados por sus familias, ataviados con símbolos de las profesiones que ejercieron en vida.

Los Manes

Literalmente, “los ilustres”. Hace referencia a los muertos en general, que en la mentalidad romana se consideraban divinidades y por tanto debían ser adorados. Sin embargo, los rituales no se llevaban a cabo en los templos, sino en el propio ámbito familiar, donde cada casa o domus disponía de su propia sacra de carácter privado. Estos seres vagaban por los reinos inferiores y si se les irritaba, podían provocar terribles pesadillas y enfermedades. La religión cristiana afirmaría posteriormente que estos Manes son en realidad demonios, palabra que proviene del daemon griego.

Los Lemures

Espíritus que vuelven de sus tumbas y atormentan a los vivos durante los Lemuria, que se celebran durante el mes de mayo y son una de las festividades más antiguas de la mitología romana. Para evitar que las almas de los antepasados visiten sus antiguas casas por la noche, es necesario realizar una serie de rituales de protección, entre los que se encuentra la conjura a Tácita.

Las Larvas

Más aterradores aún que los Lemures, las Larvas podrían traducirse como espectros. Son las almas en pena de aquellos que sufrieron en vida y desean vengarse de todos los hombres por igual. Provocan la locura en aquellos que los ven y para protegerse era necesario realizar ofrendas en los templos.