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Mitología japonesa

Casi todos los autores que hablan sobre mitología japonesa han basado su trabajo en el Kojiki, que es el primer libro escrito que se conoce en la isla nipona. En sus páginas, podemos encontrar una serie de relatos que nos hablan del origen de esta nación, la aparición de los dioses o los actos de los demonios y espíritus.

Índice

Los dioses y la creación del mundo

Tras la creación del cielo y la tierra, los dioses se modelaron sí mismos y se escondieron en la bóveda celeste. Los dos últimos en aparecer, Izanagi e Izanami, recibieron la orden de dar forma a Japón. Para ello, hundieron una jabalina en el fondo del mar y tras sacarla, la arena que resbalaba dio origen a la isla de Onokoro.

Ambos dioses bajaron del cielo y establecieron allí su hogar, donde posteriormente hicieron emerger las tierras que coinciden con el Japón actual. Las adornaron con animales exóticos y crearon divinidades que se encargaban de controlar los vientos, los ríos y demás elementos de la naturaleza salvaje.

Todo iba bien hasta que Izanami concibió a un hijo que sería el dios del fuego. Su nacimiento le provocó tales quemaduras que la diosa murió de agonía entre vómitos, que a su vez alumbraron a nuevos dioses. Furioso, su consorte Izanagi le cortó la cabeza al dios del fuego, del cual brotaron a su vez otras deidades.

Viaje al reino de los muertos

Tras su muerte, Izanami partió hacia Yomi, la tierra de los muertos. Izanagi intentó seguirla para salvarla, pero cuando llegó ya era demasiado tarde. Su esposa le pidió que aguardara mientras ella discutía con el resto de dioses su destino. Pero no fue capaz, movido por la ira irrumpió en la sala y descubrió el cadáver de Izanami siendo devorada por los gusanos.

Furiosa por el acto impulsivo de su esposo, Izanami intentó por todos los medios evitar que regresara al mundo de los vivos. Mandó tras el a cientos de fantasmas, las brujas de Yomi y, finalmente, fue ella misma quien intentó darle caza. Colocó una enorme roca impidiendo la salida y amenazó con matar mil hombres al día si escapaba.

Izanagi contestó que entonces el daría vida a mil quinientos hombres cada día. Como ninguno podía salirse con la suya, al final no tuvieron más remedio que llegar a un acuerdo. De esta forma, el número de nacimientos y fallecimientos se mantendría en equilibrio, su matrimonio acabaría y prometieron no volver a verse. Desde entonces, todos los seres vivos nacen y mueren debido al pacto de los dos dioses creadores.

La aparición de los dioses mayores

Izanagi comenzó un proceso de purificación para eliminar la suciedad contraída en el mundo subterráneo de Yomi. Se acercó a la desembocadura de un rio y se quitó la ropa, así como el resto de sus posesiones, para darse un baño. En el mismo punto en el que caía un objeto surgía un dios nuevo y cuando entró en el rio aparecieron las más importantes deidades del panteón japonés.

Amaterasu, la diosa Sol, fue creada al lavarse el ojo izquierdo, mientras que Tsuki-yomi, la diosa Luna, hizo lo propio cuando se secó el derecho. Susano, el dios de la tormenta, fue fecundado en su nariz.

Izanagi dividió el mundo entre sus nuevas creaciones. El gobierno de los cielos quedó en manos de Amaterasu y la noche fue para Tsuki-yomi. Susano se convirtió en el señor de los mares, pero desafió a su padre diciendo que quería vivir en el mundo inferior junto a su madre, por lo que fue desterrado. Finalmente, Izanagi se retiró al alto cielo y nunca más fue visto en el mundo de los mortales.

Criaturas míticas de la mitología japonesa

Como acabamos de ver, los mitos y leyendas de la creación de Japón están relacionados con la presencia de un reducido número de deidades mayores. Pero no se encuentran solos, ya que las antiguas creencias de la región constatan la presencia de hasta 800 dioses menores y otras criaturas, espíritus de la naturaleza y los ancestros conocidos como kami, budas y bodhisattvas, que convivieron en armonía hace miles de años.

La mitología japonesa es una de las más variadas que existen, con cientos de criaturas que habitan en lo más profundo de los bosques o comparten nuestro día a día cotidiano. Son seres sobrenaturales que poseen aspectos negativos y positivos, representando de cierta forma el equilibrio entre el bien y el mal, un dualismo que es muy habitual en estos relatos.

Sería imposible enumerarlas aquí todas, pero haremos referencia a algunas de las más importantes. Los Kappa son demonios de pequeño tamaño y aspecto de rana, con un caparazón en su espalda y tez de tortuga. Seres malignos por excelencia y extremadamente poderosos, que se dedicaban a raptar niños para posteriormente devorarlos.

Los Tanukki tienen aspecto de mapache, aunque son capaces de alterar su forma para confundir a sus víctimas. Muy activos en los caminos, donde suelen aparecer para robar a los comerciantes o engañarlos. Sin embargo, estas criaturas se asocian a la buena suerte y también pueden ayudar a tomar las decisiones correctas.

Kitsune significa literalmente “zorro” y son uno de los seres más importantes en las leyendas niponas. Cuanto más viejos y más sabios más colas poseen, hasta llegar a las 9 colas que representa el máximo conocimiento. Pueden aparecer en los sueños de las personas y modificar el tiempo, además de alimentarse de la energía vital de los vivos y otros espíritus.

Las Jorōgumo son unas arañas que adquieren poderes mágicos al cumplir los 400 años. Son capaces de adoptar el aspecto de una mujer atractiva ataviada con el vestido de novia tradicional, que usaba para atraer a los hombres incautos a su guarida y comérselos.

Como decimos, resulta imposible mencionarlos a todos. Pero no queremos despedirnos sin hablar del Yuki-onna, el espíritu de mujer de piel transparente que acecha a los caminantes en la nieve para dejarlos congelados con su aliento. Ni de las bestias sagradas: Genbu, Suzaku, Byakko y Seiryu, que tenían como misión defender los cuatro puntos cardinales de Tokyo.

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