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Mitología Azteca

La mitología azteca está formada por un cuerpo de creencias que comparte características con el resto de pueblos mesoamericanos. Los descendientes de los Mexicas formaron un gran imperio a partir de la ciudad de Tenochtitlan, aunque nunca renunciaron al carácter nómada y religioso que impregnaba las distintas capas de la sociedad. El resultado más llamativo fueron los grandes sacrificios humanos en honor del Dios Sol, que tenían como objetivo mantener el orden cósmico en el universo.

Las 4 edades o soles

Para entender la mentalidad de los aztecas es necesario hablar de la concepción que tenían del mundo. En este sentido, el tiempo estaba dividido en cuatro soles o edades distintas, cada una de ellas relacionada con un Dios en concreto y que finalizaban de manera dramática. Para mantener tranquilas a las divinidades era necesario hacer sacrificios de sangre, que se consideraba algo más que una simple ofrenda. Era el líquido vital y por tanto lo más sagrado que se podía entregar a los dioses.

La primera edad corresponde a Nahui-Ocelotl, el jaguar. En aquel tiempo, el mundo estaba habitado por seres gigantes hasta que los jaguares los vencieron en una guerra que duro 156 años. La segunda edad se llama Nahui-Ehécatl o los Cuatro Vientos. Desapareció debido a un gran huracán enviado por el dios Quetzalcóatl, que transformó a los supervivientes en monos.

La tercera edad o sol es el Nahui-Quiahuitl o lluvia de fuego, que fue enviada por el dios Tláloc. Al igual que en el caso anterior, los supervivientes acabaron convertidos en animales, aunque esta vez fueron pájaros. Y seguimos con la cuarta edad o Nahui-Atl, que significa agua. Es la era del gran diluvio, en la que solo sobrevivieron un hombre y una mujer. Tezcatlipoca, molesto por su desobediencia, los convirtió en perro y les arrancó la cabeza para humillarlos.

Actualmente estamos en la quinta edad o Nahui-Ollin, que se traduce como movimiento. Se cree que este periodo está destinado a acabar por un temblor de tierra, que provocará la aparición de los Tzitzimime o Monstruos del Oeste, criaturas con aspecto de esqueletos que destruirán lo que quede de la humanidad.

La creación del mundo

Los mitos aztecas de la creación intentan explicar los orígenes de esta civilización mesoamericana, un pueblo religioso que estaba dispuesto a hacer lo que fuera para agradar a sus dioses. Ometecuhtli, el creador, estaba satisfecho con sus obras, pero se sentía muy solo. Así que decidió dar vida al primer hombre y la primera mujer, llamados Tonacatecuhtli y Tonacacihuatl. Estos a su vez tuvieron cuatro hijos conocidos como Tezcatlipoca rojo, Tezcatlipoca negro, Quetzalcóatl y Huitzilopochtli.

Los cuatro hermanos llegaron a convertirse en dioses y su descendencia bajó de los cielos y pobló la tierra. Estas deidades también fueron las encargadas de crear los mares, las montañas y los fenómenos naturales, así como los animales y otras divinidades menores. Además, dividieron el universo en cielo, tierra e inframundo.

Los Dioses Aztecas

La mitología azteca es politeísta y no entiende a los dioses como seres omniscientes y todopoderosos. Se trata más bien de avatares de la naturaleza, con una personalidad donde destacan las cualidades humanas. Ente los dioses aztecas tenemos que distinguir entre las divinidades creadoras, los dioses patronos y una serie de entidades menores encargadas de proteger los hogares y establecer normas en las profesiones. Todos ellos acompañados por héroes y criaturas terribles y sobrenaturales.

Ometecuhtli es el dios supremo creador de todas las cosas que entraña en sí mismo la dualidad. Es a la vez hombre y mujer, luz y oscuridad. Tezcatlipoca es el dios de la noche, el fuego el mal y la destrucción. Tláloc gobierna la lluvia, el trueno y los fenómenos atmosféricos, destacando por su generosidad a la hora de fertilizar la tierra. Por su parte, Chalchiuhtlicue rige los ríos, océanos y masas de agua, diosa protectora de los partos. Y también mencionaremos a Tonacatecuhtli y su esposa Tonacacihuatl, señor y señora del sustento, una sola divinidad que durante la creación del mundo se dividió entre la tierra y el océano.

Quetzalcóatl es la Serpiente emplumada, uno de los principales dioses del panteón azteca. Tiene la fuerza del cielo y la tierra y simboliza la transformación en distintas culturas, como la azteca, maya, zapoteca y tolteca. Además, representa la dualidad entre lo material (serpiente) y lo espiritual (pájaro), siendo también conocido como Nahualpiltzintli o príncipe de los nahuales. Algunos especialistas lo identifican con Ce Ácatl Topiltzin, rey de Tula, un personaje histórico que vivió en el siglo X de nuestra era.

También conocido como el Quinto Sol, Tonatiuh asumió el control de los cielos cuando acabó la cuarta edad. Fue creado a partir del sacrificio de Tecusiztécatl, un dios orgulloso y cobarde, y el de Nanahuatzin, una deidad pobre y noble. Ambos entraron en la hoguera y del dolor surgió esta divinidad asociada al jaguar, invencible, guerrera y que demandaba dos corazones humanos diarios como sacrificio.

Criaturas de la mitología azteca

Existe una gran diversidad de criaturas en los mitos aztecas, desde entidades benevolentes y bellas a seres realmente horribles e imponentes. Es el caso del Cipactli o Lagarto Negro en la lengua náhuatl, mitad pez y mitad cocodrilo que tenía numerosas bocas repartidas por todo su cuerpo y un apetito insaciable.

También tenemos el Xicalcóatl o Serpiente de jícara, criaturas con escamas brillantes que podían alcanzar un considerable tamaño. Cazaban humanos sumergiéndose en los lagos y sorprendiéndolos cuando estaban bañándose, usando como señuelo una flor de jícara.

O el Ahuízotl, también llamado el Espinoso de las Aguas. Era un ser similar a un perro, de orejas puntiagudas, cuerpo negro y pelo corto, que tenía una cola que acaba en una mano humana. Devoraba a los pescadores incautos imitando el sonido de un bebé.

Y acabamos con el Xochitónal, una iguana gigante conocida como Flor del Alma, que algunos expertos consideran un dios menor. Esta bestia custodiaba las aguas negras del Apanuiayo, ruta de paso de las almas de los muertos que querían llegar hasta el reino de Mictlán, que es el inframundo en la mitología azteca.