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Ixquic, una Princesa del Xibalbá, el inframundo

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La mitología es sin duda alguna un hermoso misterio que ha llamado la atención de millones de personas en todo el mundo. Enigmas sin descifrar y relatos llenos de criaturas extrañas, caracterizadas por sus peculiares formas y poderes. Y los dioses no pueden quedarse atrás, ya que, en su mayoría, los relatos son protagonizados por estos, como es el caso de Ixquic, una de las princesas del Xibalbá.

La mitología maya está dentro de este increíble abanico de misterios. En el libro Popol Vuh, se encuentran muchos mitos que describen las historias de sus deidades.

Historia de Ixquic

Orígen de Ixquic

Dentro del Popol Vuh, se encuentra una historia de gran importancia para los mayas, ya que se habla acerca de una deidad de gran nombre para este pueblo.

Ixquic pertenece a la mitología maya y se conoce por ser la diosa madre virgen. Se cree que por medio de ella comenzó el tercer ciclo del Popol Vuh; es por ello que se le da tanta importancia. Teniendo en cuenta esto, la diosa Ixquic es una columna fundamental para el libro.

El Popol Vuh menciona a Ixquic como la unigénita hija de Cuchumaquic. Conocido como uno de los dioses del inframundo. La diosa Ixquic también vive en el Xibalbá, juntamente con su padre Cuchumaquic.

Ixquic la diosa de la Luna de Sangre

La Luna de Sangre Ixquic

El nombre de Ixquic se traduce como “de la sangre”. Es por ello que a esta diosa también se le define como la diosa de la Luna de Sangre. La mitología maya nos cuenta por medio de su libro, que Ixquic era una doncella, hija de uno de los dioses del Xibalbá, el cual llevaba por nombre Cuchumaquic.

La historia cuenta que la doncella había escuchado acerca de los frutos con forma de calavera, que crecían de forma extraña en el árbol de Jíacara. Dicho árbol se encontraba situado en el jardín Pucbal-Chah.

La joven doncella asombrada y muy interesada por estos peculiares frutos, deseó en su corazón probar el sabor de éstos. Así que escondiéndose, decidió degustar los frutos con forma de calavera. Debía ir con cautela puesto que al hacer esto se estaba revelando a las órdenes de los jueces supremos del Xibalbá.

Estaba prohibido acercarse a este árbol y mucho más comer de sus frutos. Esto era porque se creía que los frutos eran parte del cráneo putrefacto de Hun-Hunahpú. Estando frente al árbol, salió una voz de algún lugar y le dijo a la diosa:

-¿Qué es lo que deseas? Los frutos que cuelgan del árbol son solo calaveras. Pero si es exactamente lo que deseas probar, extiende tu mano derecha hacia el árbol.

En ese momento una de las calaveras lanzó a la mano derecha de la diosa su saliva. Una vez que la diosa miró su mano, la saliva había desaparecido.

-Te he entregado mi descendencia por medio de mi saliva. Mi cabeza ahora no tiene nada, mi calavera se ha despojado de la carne.

Después de esto, la diosa quedó embarazada. No fue sino hasta después de seis lunas que su embarazó dejó de ser un secreto. Por supuesto, este hecho hizo enfurecer en demasía a su padre.

Así que el dios decidió pedirles consejos a los jefes supremos del Xibalbá. La decisión tomada fue el sacrificio, en caso de que la diosa no confesara quién era el padre de la criatura.

A pesar de la temible advertencia que le dieron, Ixquic se negó en confesar la verdad. Lo único que dijo fue: -Padre, aún no he conocido el rostro de ningún hombre.

Después de escuchar esto, no quedó más remedio que el sacrificio, así que enviaron a cuatro búhos para que matasen a la diosa. Le dieron un recipiente para que vertiesen en él el corazón de Ixquic.

Una historia bastante triste con final felíz

Estando en el lugar, la diosa les pide a los búhos que no la maten. Los persuade diciéndole algunas cosas y éstos dudan en matarla. Recuerdan la orden que le dieron: llevar el corazón de la diosa en aquel recipiente. Así que la sabia diosa virgen, hizo una incisión a un árbol de granate rojo que se encontraba cerca del lugar.

Como la savia era de color rojo, pudo asemejar el corazón de la joven en aquel recipiente. Después de esto, los búhos le dicen que se vaya a la superficie de la Tierra. Después de llevar delante de los supremos el supuesto corazón de la diosa, ellos regresarían con ella y le servirían.

Sucedió como lo planearon, una vez que estuvieron frente a los supremos jueces del inframundo; quemaron el supuesto corazón de la diosa, y mientras lo hacía, notaron un dulce aroma.

Fue así como con ayuda de los búhos, la diosa Ixquic pudo burlarse de la muerte, al mismo tiempo que engañó a su padre y a todos los supremos del Xibalbá.