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Cihuateteo ¡Espíritus femeninos!

Cihuateteo ¡Espíritus femeninos!
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Cihuateteo o Cihuapipilin, en náhuatl Cihuatl (mujer) y Teteo (diosas), que en la mitología mexica eran unos espíritus femeninos.

Se decía que retornaban a la tierra para poder cumplir con los cuatro años en servicio al gran dios sol Tonatiuh en Tonatiuh chan.

Las Cihuateteo y el nacimiento

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Civilizaciones prehispánicas ¡La vida y la muerte!

Dentro de las civilizaciones prehispánicas, el nacimiento tenía un lugar muy importante.

El dualismo de vida/muerte, el momento en que un nuevo ser tenía su llegaba al mundo, se revestía de un carácter muy sagrado para los mexicas.

Después de la llegada de la partera (tlamatlquiticitl) que duraba todo el acto de alumbramiento, se hacía un ritual.

Sin embargo, si algo estaba mal y la mujer fallecía, la figura tenía un nuevo significado doble, que era tan respetado como temido al mismo tiempo.

El cuerpo de la mujer sin vida era venerado hasta el punto de considerarle divino y la valentía era admirada por toda la civilización.

Por un lado, pasada la ceremonia fúnebre, los hombres que eran más cercanos a la mujer tenían que cuidar de los restos, y son asediados por guerreros para amuletos, por su valor.

Por otro, al convertirse en Cihuateteo se marchaba a vivir en Cincalco y por la eternidad, la cual era la morada del maíz.

Allí servían como las guías del Sol y en cada atardecer, se convertían en un objeto de adoración, directamente relacionadas con Cihuacóatl, la gran diosa madre que era parte de las diosas denominadas Tonantzin (madres creadoras).

El lado oscuro de la adoración

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¡Adorar a las Cihuateteo!

El adorar a las Cihuateteo implicaba un lado oscuro, debido a, que eran los portadores de las desgracias, desolación e infundir miedo.

Era de creencia popular que, en ocasiones, estas deidades se aparecían en las encrucijadas y en los caminos.

Algunas inscripciones antiguas y códices, las representaban con la cabeza de calavera, unas garras en sus extremidades y rodeadas con animales que tenían vínculo con la muerte y la noche.

Con unos vestidos que estaban decorados con tibias cruzadas.

A su vez, sus apariciones indicaban los presagios funestos que, según la tradición nahua, se manifestaron en el Valle de México, al menos una década antes de que llegaran los españoles.

Alguna de sus apariciones, era como el de una mujer en cualquier camino con un quejumbroso llanto, que estaba influenciada por los lamentos de las Cihauteteo y de Cihuacóatl y que invitaba a los hombres a la lujuria.

Se dice que esos hombres que eran víctimas de tal atractivo tendían a perder la razón o en su defecto entregaban su alma a las entidades del inframundo.

Cabe destacar, en el signo “ce ozomatli” estos espíritus descendían a la tierra y a los niños los herían o dañaban, a lo que los padres dejaban de dejarlos salir, por temor a que se encontrarán con las diosas.

Después del mito

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México-Tenochtitlán ¡Dualidad!

Con el gran paso del tiempo, sobre todo luego de los años posteriores a la caída México-Tenochtitlán, la gran dualidad oscura de estos espíritus se influencio en las voces hispánicas.

Esto llevó a que, la naturaleza se transfigurara a una entidad maligna, como los fantasmas de los europeos.

Durante las primeras décadas en la época colonial, las madres convertidas en deidades que habían fallecido durante el primer parto, no lo lograron resistir la influencia del cristianismo y la historia ayudó en la consolidación del mito “La llorona”.

Cabe destacar que, el material que le dio origen al culto de Cihuateteo, era la posible mortalidad alta de las madres primerizas durante el parto.

Esto es razón para que, ganaran un sitio especial en el panteón mexica.

A la vez, su dualidad aparece como una metáfora de la terrenidad y la relación existente entre la muerte y la vida, los cuales son momentos cumbres para la América Precolombina.

Creencias en la actualidad

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Huasteca de Hidalgo

En una huasteca de Hidalgo, un pueblo de lengua náhuatl tiene la creencia de que, cuando la mujer muere durante el parto, se debe envolver en un petate y luego en una caja.

Mientras, sus pertenencias (ropa, instrumentos de cocina y jícaras) son rotas y enviadas por una barranca por el mismo esposo.

Según Sahagún, las mujeres muertas en el parto regresaban por las noches y asustaba  a los esposos. Por lo que, al enviar lo objetos por la barranca se evitaría que regrese a por ellos.

Las ceremonias de entierro normal, se coloca música de banda o huapango, se matan puercos o gallinas y se le da abundante comida a la gente.

No obstante, en el caso de las mujeres que mueren en el parto, nadie va al entierro por miedo a que la muerta se convierta en diosa.

De camino al cementerio, el esposo se esconde por otra vereda, para evitar que  pueda ser visto por su mujer muerta, puesto que piensan que si le ve, no le permitirá casarse.

O en su defecto, la mujer con la que se case podría morir durante el parto.

Otra tradición

Si la madre que murió tenía otros hijos, a estos se les amarraba una especie de zacate (tlalamaniztli) en las muñecas, cuello y pies, que debían dejárselo por una semana.

A la vez, se les acuesta en un manojo de hierba humedecida o se sumergen en agua mezclad con una hierba.

Este ritual se hace con la finalidad de que la madre no se lleve a los hijos.

Además, estos tienen la creencia de que, las mujeres al convertirse en Cihuateteo y se trasladan al cielo, se encentran con el dios supremo y el de la lluvia.

Ahora que conoces sobre estas deidades y de lo que están encargadas, ¿qué te parecen? ¿crees que son interesantes? Si es así comparte esta información con tus familiares, amigos y demás conocidos.